Hoy hay huelga general en la universidad. Es la enésima huelga desde que empecé mis estudios. Lo cierto es que no se ha conseguido nada con ellas, por lo que habría que plantearse si no sería mejor asumir otra medida de presión o intensificar esta. Un día de huelga no supone nada. De las tres clases que tengo hoy, dos han sido aplazadas a un viernes próximo, así que a efectos prácticos, esta huelga no es sino un traslado de la jornada estudiantil de hoy a otro día.
Como ya se sabe, la huelga viene convocada por el sistemático recorte en educación. Jordi Gràcia, profesor de Literatura Moderna y Contemporánea, nos explicó su punto de vista: los ajustes que se están haciendo, unidos al ya de por sí atrasado sistema de enseñanza español, van a suponer un perjuicio económico y social incalculable. Personalmente estoy de acuerdo con su postura, que no solo se ciñe al tiempo presente. La endogamia en la universidad española no es solo un reflejo de la endogamia crónica del país. De todos es sabido que aquí vale más un buen enchufe que cualquier expediente. En ámbitos privados es suficientemente malo, pero cuando se entra en el terreno público, se hace ya insostenible. Así que, en vez de atajar el problema, los gobernantes, principales beneficiarios de esta corrupción institucionalizada, insisten en redundar en él.
El conocimiento genera riqueza, este es un hecho indiscutible. Tampoco es discutible que sin estudios no puede haber avance en el conocimiento. Así que recortar en educación, a nadie se le escape, es empobrecer la sociedad. No descubro nada aquí, me da vergüenza tener que escribir estas obviedades, pero no puedo dejar de hacer esta reflexión en voz alta visto el rumbo de la política. A veces me pregunto si estas cosas tan sencillas estarán en conocimiento de los gobernantes. La respuesta es evidente: sí.
Entonces, ¿por qué desmantelar el país si eso va en perjuicio de ellos? Porque en verdad no va. Es verdad que el país se empobrecerá, pero no ellos. La educación garantiza no solo el avance cultural, también el social. A más educación, más madurez ciudadana, a mayor madurez ciudadana, mayor imposibilidad para hacer y deshacer a su antojo. No es casualidad que una de las comunidades con mayor tasa de fracaso escolar sea la Comunidad Valenciana. Tampoco lo es que sea una de las más empobrecidas. Mucho menos que los niveles de corrupción sean tan evidentes como justificados por una gran parte de la sociedad.
Tampoco es casualidad la propuesta de Wert de condicionar las becas al expediente académico. Si bien es cierto que la Universidad Española tiene un nivel demasiado bajo, en algunos casos inaceptable, no menos cierto es que la culpa es heredada. Las universidades no pueden mantener el nivel si el nivel de la enseñanza secundaria y primaria es tan deficitario. Los estudiantes llegan con una alarmante falta de herramientas para desarrollar sus estudios con eficacia. Cuando se trata de un caso aislado, se puede culpar al alumno, pero cuando es una constante, hay que buscar el problema en el sistema.
No obstante, lo que Wert no dice es que ya se ciñe la entrega de becas al expediente. Hay que aprobar un 80% de los créditos matriculados (60% en las carreras técnicas), perdiendo el derecho a la beca si no se cumple este mínimo. Wert justifica el cambio porque el gobierno debe invertir en aquellos individuos que puedan ser productivos para el país. El discurso es efectivamente trasnochado, más propio de un ilustrado del siglo XVIII (así de avanzado está, que necesita imitar el discurso de los reformistas de hace dos siglos) que de la actualidad y me hace preguntarme cómo alguien como él ha llegado a ser nada menos que Ministro de Educación.
Las falacias son de parbulario, fácilmente reprobables: Por un lado, el gobierno lo que beca es el acceso al conocimiento. Por eso se admite y se facilita el acceso de gente mayor, muchas veces jubilados y fuera del mercado laboral. Tal vez el siguiente paso será prohibirle a esta gente que estudie. Por otro, la inversión en expedientes brillantes resulta absurda cuando la mayoría de expedientes brillantes encuentran su puesto laboral en otro país, así que siguiendo esa lógica de inversión, se debería invertir solo en los expedientes medios o, en su defecto, hacer firmar una cláusula que estipule que esa persona con expediente brillante se compromete a no salir del país y aceptar un sueldo de mierda dentro del gran sistema endogámico. Por ejemplo, 500€ mensuales por ser profesor asociado en una universidad pública.
Yo no me preocupo de mi beca: mi nota media actualmente es 8,4, tengo los ingresos mínimos, una minusvalía del 70% y ya le he avisado a mi padre que como su PP me la quite, me va a pagar él los estudios. No creo que corra peligro, pero esa no es la cuestión. Una beca no se suele pedir por gusto y hay demasiados condicionantes en la vida como para regirse por algo tan arbitrario como una nota. Una enfermedad en época de exámenes puede poner punto y final a una beca; un trabajo a jornada completa puede poner punto y final a una beca; una mala época puede poner punto y final a una beca.
Yo cada día tengo que hacer dos horas de ida y dos de vuelta para asistir a clase y mi salud se resiente con tanto trajín. No es que cuando llegue a casa no quiera estudiar, es que mi cuerpo no está disponible. La distancia condiciona las notas, igual que la salud o la disponibilidad horaria, así que exigir a esa gente, que ya está muy exigida, que encima saque excelentes notas es propio de una sociedad retrógrada que aún no ha asimilado cosas tan básicas como son el acceso universal al conocimiento y la protección de los más desfavorecidos.
El problema de todo es que aquí llueve sobre mojado, se recorta la cultura en un país de por sí generalmente inculto. Como no podía ser de otro modo, encima la gente aplaude y estima tales ofensas al intelecto como grandes verdades. Siempre se trata de grandes verdades menos cuando a uno le toca, ahí la cosa ya es más dudosa. Wert dice que el gobierno no se puede permitir el gasto de 4.000 millones de euros en estudiantes que dejan la carrera a medias. Yo digo que hay partidas de gastos más importantes y menos productivas para la sociedad que no solo no se plantean en recortarlas, sino que las defienden con tesón. Sin ir más lejos, aquí en Blanes se han gastado 4 millones en remodelar una estación de tren y unos andenes que no tenían ningún problema (lo mismo que han hecho en toda la Línea 1). Claro que cuando la gente no compra pisos, los amigos constructores de alguna manera tienen que ganar dinero. Eso sí, el tren sigue yendo por vía única y con una frecuencia de media hora, aun en verano, con todo el tren a rebosar de turistas. Sigue tardando 1,30 en llegar a su destino y el abono de diez viajes ha subido de 33€ a 37.
Así que no nos dejemos tomar el pelo, que lo que está en juego es muy importante. Para arreglar esto de la educación yo propondría una huelga indefinida, igual que para el sector sanitario. De hecho, para todos los sectores, pero en especial para esos dos. Cuando la gente viera lo dependientes que somos de la educación y de la sanidad, tal vez dejarían de palmear y exigirían responsabilidades.
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